domingo, 8 de junio de 2014

VIVAN LAS COMUNIDADES...PERO YO ME VOY AL MONTE!





 Siempre he dicho que si fuera sociólogo, haría una tesis doctoral sobre las comunidades de propietarios. Dignas de estudio, donde se repiten estereotipos que se dan en todos los grupos pero algo más paranoides, los que nos dedicamos a esto de administrar, aún nos sorprendemos de las ocurrencias variopintas y absurdas que se dan en esto de la convivencia y compartir lo común, que parecen de guión de serie de televisión pero no, la realidad, siempre supera la ficción. He aquí algunos ejemplos. 

1.- Ingeniero cualificado y abogados. En toda comunidad siempre hay algún ingeniero cualificado. Sabe cómo hacer una obra, qué se hizo mal por el cheíñas de turno, y te da una conferencia en toda regla sobre la aplicación de mortero, cemento, pintura, que ríete tú de los ingenieros de la NASA. Normalmente es gente que viene a hablar de su libro ante los vecinos, acapara buena parte del tiempo de la junta, aburre a los muertos y total, para al final votar y pasar ampliamente de él. Pero claro, a ver quién le interrumpe y le quita la razón, que para eso es “el que sabe”.
Hay la versión jurídica, esto es, la versión “leguleyo”. “ La ley dice esto” “ la ley dice lo otro” “ mi abogado me ha dicho” y tú piensas que la ley debe ser una especie de ente abstracto cuyo universo jurídico lo regula todo, tipo libro gordo de Petete, cuando puedo prometer y prometo que la Ley de Propiedad Horizontal es lo más escueto que hay, fuente también de conflictos, y no recoge a qué hora se baja la basura, que no se tire colillas por el patio ni si la vecina que deja el paragüero en el descansillo de la escalera, hay que quemarla en la hoguera. Poco previsor el legislador que no recogió conflictos de gran enjundia en su articulado. Lo mejor de todo es que muchos comuneros tienen su abogado, y yo me alegro por los compañeros, que también tienen que comer.

2.- Moroso profesional. Los “ cuanto debo” son un peñazo.  Éste es uno de los prototipos que más se repite, da igual origen y condición. Nunca debe. Viene a la oficina a gritarte ( debe ser que empezar el día con  “buenos días “ está pasado de moda) nada más abrirle la puerta, te pone de vuelta y media, se las da de ofendido y tú, tienes que esperar que salga el bicho que lleva dentro, cual exorcista, para, una vez acordarte de toda tu familia, explicarle por qué debe y desde cuándo. Suele ser el mismo en cada cierre de cuentas. También está la versión sibilina, el que te quiere hacer comulgar con ruedas de molino, y pone en el recibo “ Mayo 2014” pero debe desde que el mar Muerto estaba enfermo, y te trae los recibos como prueba irrefutable de que a lo mejor, solo debe el mes de Junio, pero que sepan que no, que no cuela, que los tenemos muy calados.

3.- Quiero ser presidente. Sí, que te toque la presidencia es una putada. Por lo general, la gente silba la del rio Kwai cuando toca el punto de renovación de cargos. Si es por rotación, asiste el que nunca asistió a la junta. Y ponen excusas. “Es que soy muy mayor”,  “estoy ocupadísimo de la muerte yendo al Club del Mar a hacer remo” ( coño, si tienes 85 años, eres de los de remo senior? A ver si se le va a desencajar la junta de la trócola), “estoy poco en casa” ( frecuenta el circo de artesanos para jugar al mus), “tengo una incapacidad ( ¿física o mental?) que me impide abrir la puerta al operario de turno”…Pero hay quien quiere ser. Es más. Tuve el caso de un señor que se hizo un cuño con su nombre poniendo debajo “ Presidente de la comunidad tal “. Que mucho reírse del señor Cuesta, pero esa gente existe. Les gusta ser presidente de algo, aunque sea de las escaleras y sea solo reponer bombillas.

4.- Spiderman versión urbana. Hay presidentes que se toman su labor muy en serio. Y esto incluye supervisar las obras de cerca para ver si están bien ejecutadas. Claro que, no a costa de jugarse uno la vida. Y cuando se está cambiando el tejado, no hay placa y uno ronda los 65 años, no es cuestión de trepar por los andamios, pisar en falso el tejado, romper un trozo y quedarse con la mitad del cuerpo colgando sobre el cañón de escaleras, y la otra mitad sujetándose donde buenamente pueda, a ver si llegan los bomberos a rescatarte. Lo peor no es hacerlo una vez, es que te pasen dos. Se agradece la colaboración vecinal, pero no hasta el punto que nos cueste la vida.

5.- Prueba de ADN. Hay actividades molestas que provocan muy mal rollo. Desde el señor de incontinencia urinaria que se desahoga en la cabina del ascensor ( de toda la vida nos han dicho eso de que hay que salir de casa orinado y defecado) hasta los perros de los vecinos que no aguantan más y lo hacen donde cuadra: portal, escaleras…claro que si la cosa se repite, habrá que recordar lo obvio, bajen más a la mascota y si la pobre lo ha hecho donde no debía, cubo y fregona. La propuesta de hacer una prueba de ADN a las heces de los perros del edificio para determinar qué perro es el que insistentemente lo hace en los elementos comunes, no es solución. Ya me imagino a los perros del edificio en fila en el portal, y bastoncillo en mano, recorriendo hocico por hocico recogiendo epiteliales y demás fluídos del chucho. EL CSI ha hecho mucho mal.
Esto vale también para los que escupen en el ascensor, que lo de hacer la gracia de a ver quién orina más lejos o quien escupe más largo es simpático a los 6 años, a partir de ahí, ni pizca de gracia, oiga.

6.- Norman Bates existe. Una de las peores cosas que me ha pasado es la señora muerta en el sofá desde hacía 25 días y el mal olor del portal. Cuando vienen tus vecinos a quejarse del mal olor de escaleras y descartas un atasco, lo que menos te puedes imaginar es que hay un cadáver en el edificio y el hijo está con su madre muerta, sentado en el sofá viendo la televisión. Que hayan tenido que entrar los bomberos a sacarla, en un avanzado estado de descomposición y que los vecinos te piden quitar aquel olor del cañón de escalera porque allí huele a muerto, literalmente, no viene en ningún manual de buen gestor. No sé si el limón o el pino mitigan eso. Más bien una empresa especializada en limpiar escenarios, que no sé por donde buscar y a ver en que letra se ubica en las páginas amarillas.

7.- ¡Esto es un secuestro!. Cuando uno llega a la oficina, espera escuchar mensajes típicos en el contestador “ no me funciona el telefonillo” “ la televisión no se ve” “ hay un atasco del carallo en la arqueta”…pero no que unos elementos han entrado en una vivienda con el engaño de ser una empresa de mudanzas, han amordazado a una señora, secuestrado a su perro y que piden un rescate. Miras el calendario y ves que no es 28 de Diciembre. No sabes si reír o alucinar. Para todos los que os estéis mordiendo las uñas, decir que tuvo final feliz, que la señora salió indemne y el perro fue felizmente liberado. Cosas veréis que no creeréis.
Moraleja: cuando te timbren y no sepas quién es, no abras. Principio elemental básico.

8.- El sibilino y “cortaorejas”. Los que me conocéis,sabéis de quiénes hablo. Son dos elementos que se parecen al Gordo y el Flaco. El sibilino es el gordo, le faltan los dientes de delante, tiene las uñas muy largas, según sea verano o invierno, lleva gabardina tipo Colombo o abrigo gris. Habla bajito, con frases alambicadas y usando expresiones de castellano antiguo, pero con un gran componente de maldad que denota la pésima persona que es. Y el otro, su cliente, es un lerdo menudo, al que le faltan tres hervores y medio, pero que maquina maldades para joder al prójimo cuanto puede. Le llamamos “cortaorejas” porque fue peluquero y un día casi le corta la oreja a un cliente ( dicho por él mismo) por los nervios. Estos dos son capaces de ir a Estrasburgo para reclamar un buzón y un timbre. Y luego dicen que ya no se apela por las tasas….eso es que no les conocen.

Hay la versión femenina ( en este caso, la querulancia respeta la paridad) que es una señora de metro y medio, con mucha maldad para tan poca estatura, que roba las cartas de los buzones con las pinzas del churrasco ( que son bien largas y entran estupendamente en la boca del buzón) para cotillear informes médicos de los vecinos, que ya sabemos lo importante que es que la del 5º tenga hongos vaginales o el del 2º le funcione mal la próstata, para el funcionamiento de la comunidad.

9.- El que se queja por todo. Sí, hay quejicas profesionales. Llegan previo a la  junta, se quejan del gobierno, del tiempo, de lo mal que está el mundo…para seguir con las cuentas, el gasto ( suelen ser de la virgen del puño) con la cuota, con que el presidente no ha hecho nada, el administrador tampoco, que los vecinos no dan los buenos días…y así hasta “ruegos y preguntas” que te dan ganas de darle un kleenex y llorar con él, que la vida es chunga porque alguien lo ha querido así.

10.- Actividades molestas. Esto merece varios apartados:
a.- Música: Hay quien no soporta la música alta. Yo lo comprendo. Pero que un sábado te llamen al móvil ( bendito el día que lo suprimí), a las 20.00 de la tarde, y tú en el cine, para decirte que padece del corazón y la vecina de arriba tiene la música alta es para mandarles a tomar por donde amarga el pepino. Una cosa es música alta  de forma constante y a altas horas y otra que uno no pueda ponerla un sábado a las ocho de la tarde. Y te dan ganas de decirle que llame a la Municipal, que midan los decibelos y si siguen con el Caribe Mix 25, se una a la fiesta, que ya de jodidos, al menos, bebidos.


b.- El follador-vividor. Este país, eso de la efusividad sexual, no lo lleva bien. Es queja reiterada. Sobre todo se quejan de ellas, que las mujeres siempre hemos sido más extrovertidas y menos pudorosas para mostrar “el sentimiento”. Que si gritan, que si se sienten la cama, que si lo hacen a las tantas de la noche…A mi no me sorprenden que griten, o hagan ruído, en realidad me sorprenden que lo hagan, máximo de madrugada. ¡Qué energía y buen humor! Con lo mal que dormimos los españoles y cuando consigues pegar ojo, hay alguien que te despierta para hacer ejercicio! Pa darle de hostias de dos en dos hasta que salga impar! . Suelo preguntar a qué se dedican los ruídosos-amorosos, más que nada porque deben tener un trabajo creativo y tranquilo, de 8 horas, para tener luego ganas de achuchón. Mal va la cosa cuando se pasan de la raya, o con la Viagra, y montan el numerito de venirles a buscar en ambulancia a las 6 de la mañana. Así no hay quién compita!.
Mi recomendación es que les feliciten en el ascensor, a ser posible, delante de gente. “ vaya noche, quedaste bien contenta! Se te nota en la mirada que eres una mujer bien f……”. Y nada, a tomar ejemplo.

c.- Defecar en plaza de garaje. Esto sigue siendo un misterio. Alguien ( no digo algo, porque al parecer expertos de criminalistica han determinado que son “restos” humanos) que defeca en una plaza de garaje en concreto. Un día, pase, te da el apretón, no hay baño cerca…aunque bien podía recoger el zurullo, pero no, lo repite una y otra vez. Solución: no es poner una cámara de vídeo de visión nocturna. A lo mejor una fotocélula que detecte al “caganer” en el momento de bajarse los pantalones, puede ser suficiente para cortarle el rollo.

d.- Rociar con lejía la ropa, pasar el aspirador a horas intempestivas, tirar colillas o papeles en llamas por el patio de luces, dar de comer a las gaviotas, los gatos….en fin, que esto puede ampliarse según la ocurrencia de usuario y vecino.

11.- Dime quién eres. Lo más extraño que nos ha pasado. Un señor, alias “el pelos” está empeñado en que mi compañera Verónica se llama Marisa y es la chica que cuída a su hermana y quiere quedarse con su dinero. Asi que periódicamente, pasa por la oficina, le grita, monta el numerito y nos deja ojipláticas con sus desvaríos. Lo mejor es cuando le pides educación y respeto y te suelta lindezas tipo “ pues tú tienes la educación en medio de las piernas”.

12.- Viva Rusia. Yo respeto los estilos en la vestimenta que allá cada cual. Pero hay un señor que viene vestido con abrigo de visón que le llega a los pies, gorro de visón tipo ruso y las uñas pintadas de rojo. En primavera, se las pone de color rosa. Que se ve que le va la piel, porque cambia el visón por chaqueta y pantalón de cuero cuando empieza el calor.  El poliéster no es para él.

13.- Junta de pijama. Para terminar este anecdotario, contaré que en este universo de gente dispar, una se contagia y hace cosas extravagantes, como asistir a una junta en pijama. En realidad, la cosa era más simple. Se trataba de una junta en el portal, un frío mes de Enero, y yo estaba trabajando en casa en pijama. Habida cuenta que era en el portal y yo estaba bien calentita, pensé, tonta de mi, que total, no se me iba a ver el pijama de Mafalda que llevaba y  me puse una chaqueta y un pañuelo, y por encima el plumífero. Y allí fui yo, aparentemente decente, a la junta. Cuál es mi sorpresa que la junta no se hace en el portal sino en el piso de un vecino. Entonces empiezo a pensar qué excusa pongo para no quitarme el plumífero, que soy friolera, que la humedad, que es una casa antigua…oh, sorpresa, entramos en el piso, 35º a la sombra…” ponte cómoda” me dice el vecino hospitalario a lo que yo pensé “ si me pongo más cómoda, te pido unas pantuflas”. Asi que me tuve que poner de manera estratégica el pañuelo, apoyarme en la mesa comedor para que no se moviera y se viera la enorme cara de Mafalda con ribete rojo de mi pijama. Sudé como una mona, pero nadie pareció darse cuenta.

Y esto es todo, de momento, que me queda más en el tintero, pero ya será otra historia. La vida, que es así, gente divergente que converge en este mundo puñetero y que a veces, te ríes, por no llorar. 


Se lo dedico a mis compañeras. Viva la gente paciente!






domingo, 18 de mayo de 2014

HOMENAJE A LUIS PÉREZ TABOADA

"No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.

No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.

El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y montes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.

Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca.

La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un GALLEGO tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos."


ALMA AUSENTE- FEDERICO GARCÍA LORCA



Nos dejaste un soleado día de primavera y la calidez del sol, mutó en un frío viento del norte. Se nos helaron las manos, se nos humedieron las mejillas, y un nudo se apropió de nuestra voz, que incrédula, no podía articular palabra alguna, ni tan siquiera para despedirte en tu viaje definitivo.

 Sin embargo, imposible no recordarte sin esbozar una tímida sonrisa, porque así eras tú, un adulto que nunca dejó de ser niño y maquinaba alguna maldad inofensiva que nos hacía reír. No hay mayor complicidad entre las personas que compartir el sentido del humor.

En esta vida mezquina, que limita su tiempo a las buenas personas,  nos cruzamos con miles de almas y pocas son las que dejan huella. Tú nos la has dejado, con tu honestidad y lealtad, tu sinceridad inquebrantable, con tu corazón enorme que de tanto amor y afecto ( ya sabes, disimulando y como quien no quiere la cosa) se agotó muy rápido porque hay mucha necesidad, en este mundo, de gente como tú y tu capacidad para querer.

Hace unos meses, te dije que no me hicieras una putada, que ya había sufrido una pérdida irreparable y no quería perder a otra persona querida. Pero como siempre, hiciste tu voluntad, porque a terco no te ganaba nadie, y ahora me dejas, nos dejas, un poco más huérfanos, más solos, más tristes, aunque hemos aprendido a llorar con una sonrisa, sobre todo, lo hemos aprendido de ti, que ante la adversidad, eras capaz de hacer una ironía.

Te perdono porque sé que luchaste por estar bien, y me constan tus grandes esfuerzos por estar con nosotros, en estas tardes de cine, en esa cerveza de después, en esos viajes en los que disfrutaste como un niño deseando planificar otro. Nos quedó pendiente Estambul, pero iremos por ti, para que nuestros ojos vean lo que tú no pudiste ver, porque tenemos la obligación de seguir por ti.

Solo me queda el consuelo que, si es que hay algo más allá de este mundo hostil, estarás con mi padre y los dos velaréis por nosotros, y vuestros ojos azules serán este cielo despejado que nos sonríe en primavera y ese viento en la cara, será un saludo de buenos días cada mañana.

Prometo que brindaremos por ti con auténtico Vega Sicilia “especial para todos”, como tú querías y especial, como tú. Sé bueno, o no, ya sabes. Esto es solo un hasta luego, Luisiño, que ya lo decía Groucho “ Si sigues cumpliendo años, acabarás muriéndote”

Te queremos mucho. No nos olvides. Nosotros, a ti, tampoco. 

Vídeo gentileza de Jim Alegrías.







sábado, 5 de abril de 2014

LICENCIA PARA LLORAR



Cuando el imperio de la eterna noche
tome su vuelo para siempre mi alma;
cuando mi cuerpo exánime repose
bajo una lápida,
si por ventura os acercais un día
donde mi triste sepultura se halla,
humedeced tan sólo mis cenizas
con una lágrima.

Yo no deseo mármol...,monumento
que a la ambición la vanidad levanta:
manto suntuoso con que el necio orgullo
cubre su nada;
no darán sus emblemas a mi nombre
el falso orgullo ni la gloria vana;
lo que yo quiero, lo que solo pido
es una lágrima.

Lord Byron

Cuando naces, lo primero que haces es llorar. Inhalamos oxígeno, se llenan de aire nuestros pulmones, sentimos el frío tras la confortabilidad del útero materno y si fuéramos conscientes de todo lo que nos está pasando, sentiríamos un enorme desamparo por separarnos de nuestra madre.

 Lloramos cuando nace un niño, es la bienvenida a una nueva vida. Llora el niño al nacer y lloramos al final de nuestro recorrido, por lo que fuimos, por lo somos y por lo que ya no seremos, despidiéndonos de nuestros seres queridos, el adiós definitivo y la pérdida de nuestra existencia. Sin embargo, en el transcurrir de nuestra vida, evitamos hacerlo o lo hacemos en la intimidad, en soledad, cuando las emociones se desbordan por nuestros ojos y tras momentos de irascibilidad, una gran congoja nos encoge el corazón y asoma en forma de lágrimas.


Es curioso. Quedamos con nuestros amigos para compartir risas, y a veces, penas, pero parece que algo tan natural como llorar es antisocial. Queremos reír en compañía, pero nos escondemos para llorar, porque no está bien visto hacerlo en público. Es más, huímos de la gente, nos apartamos, porque las penas queremos soportarlas solos.

  
He pasado años sin derramar una lágrima, tal vez porque parte de mi escuela fue jugar en la calle, y ahí si te caías, te levantabas, a lo sumo te ponías Mercromina y bajabas de nuevo a la calle, con el gesto digno y sin mostrar dolor, para seguir jugando, mientras la herida hacía costra y curaba sola. Allí aprendías que las lágrimas no valen de nada, que nadie vendría a consolarte, que los fuertes no deben llorar, que la vida es saltarse estas licencias que te dan las emociones, ocultar el dolor tras una apariencia de impasibilidad y fortaleza. De adulta compruebo que pasa exactamente lo mismo. Cuando alguien parece que va a llorar, intentamos consolarle antes de que broten sus primeras lágrimas, le cogemos de la mano, le decimos palabras de consuelo para cortar el brote que está a punto de salir de sus ojos,  le abrazamos para evitar que haga lo que debiera ser tan natural como la risa. Pero es que las lágrimas, al igual que la risa, se contagian y a nadie le apetece que le recuerden sus penas, que la vida no es lo que una vez soñó cuando era niño, que a veces se te hace muy cuesta arriba, o que las angustias vitales las acallamos con drogas para levantarnos, para dormir, para no pensar o para no sentir. Las lágrimas que no derramamos se quedan ahí, bajo la Mercromina, haciendo costra, pero con cicatrices. Pero esos recuerdos permanecen latentes esperando a que algo o alguien habrá la espita, les dejen salir y liberarse.

En estos últimos tiempos, pese a los momentos vividos, he llorado poco, aunque mucho más que en años. Y sin embargo, lo que no lloro conscientemente, lo hago cuando asoma mi subconsciente al dormir. Entonces me despierto con la cara mojada y las lágrimas brotan sin pudor ni control, sin nada que las limite, ni las controle, sin el temor a mostrarse vulnerables y humanas, sin abrazos ni frases de consuelo que las amilane y evite, sin que mi consciente me diga que no se debe llorar porque así me lo enseñó la vida desde mi infancia. La vida, tantas veces desencanto, y no obstante, no nos da tregua para llorar, ni nos permite esa válvula de escape para sobrellevarla. No tenemos tiempo para pararnos unos minutos. Llenamos las horas de actividades frenéticas para acallar aquello que nos hace humanos, empáticos, vulnerables, sensibles, y sinceros.

Y sin embargo, deberíamos darnos licencia para llorar, la misma que nos damos para reír. Pararnos de vez en cuando, sentarnos a pensar, y por qué no, a llorar, solo o en compañía. No hay nada más sincero y que una más a las personas, que el compartir ese gesto, que sale de dentro, sin artificios ni poses, que alguien, con su mirada, también llore contigo.

 Dedicado con mucho cariño a mi amigo Miguel Núñez que es mi fan número uno.


sábado, 22 de marzo de 2014

¡ PERO TÚ ERES MUY SIMPÁTICA !




Hace bastantes años, en un pub de moda, un conocido me pidió que le presentase a una de mis amigas porque tenía mucho interés en conocerla, dado que mi amiga, palabras textuales, “estaba buenísima”. En el momento que me lo dijo, como disculpa por no tenerme en consideración, me soltó eso de “ pero tú eres muy simpática”.


Por aquel entonces, me pareció un piropo envenenado, el premio de consolación de quien no está a la altura ni despierta el interés del susodicho ( y eso que el tipo en cuestión, no me interesaba en absoluto) pero cosas del ego juvenil, no lo vi como un halago, sino como una puñalada trapera. No sé por qué, pero las mujeres muchas veces, nos hemos mirado de reojo, como si fuéramos rivales, con desconfianza, intentando competir por ser la más de lo más, de forma soterrada o evidente, pero sin duda, compitiendo por ser la mejor. La más inteligente, la más sexy, la más guapa, la mejor preparada, la que más trabaja, la que saca mejores notas…lo cual ha supuesto un grado de autoexigencia que, seguramente, ha derivado en esa “super woman” que todas pretendemos ser y que para soportar tal presión, superamos con creces, el nivel tolerable de equilibrio mental y físico.

Esta competitividad la he vivido, por desgracia, en varios trabajos que tuve antes de ser autónoma, donde la chica nueva ( o sea, yo) era una amenaza a la estabilidad del trabajo del resto de mis compañeras, entorpeciendo mi labor de colaboración o refuerzo, por el inmenso temor de que lo hiciese mejor que ellas. Y sin embargo, ahora que soy empresaria, trabajo con tres mujeres con las que me entiendo muy bien, trabajamos en equipo, sin celos, tensiones, y una grandísima complicidad, sin que entre nosotras haya ningún tipo de competición, sino una colaboración absoluta y apoyo emocional que nunca encontraré trabajando con un hombre.

Yo no creo en la rivalidad natural entre mujeres. Creo, en todo caso, que por inseguridad, exigencia social, presión por competitividad en un mundo de hombres, nos impide, muchas veces, comportarnos con aquella espontaneidad con la que nos buscábamos en los colegios para hacer grupos de chicas, contarnos intimidades, confidencias, tender lazos afectivos y apoyarnos recíprocamente.

He escuchado, muchas veces, en bocas de mujeres hechas y derechas, cómo era posible que su pareja la abandonase por otra, cuando ella era más guapa, más trabajadora, más inteligente. Supongo que, ante todo, debiéramos hacer una cura de humildad por creernos más que nadie. Está bien tener el ego saneado, pero no en exceso para caer en la vanidad, ni en defecto, para infravalorarnos.

Probablemente, la explicación más sencilla es que la rutina y el cansancio de estar durante años con la misma persona y la novedad, sea un revulsivo para la virilidad masculina o eso que se llama ilusión. Otra explicación pudiera ser, que en la vida, uno pasa por diversas fases, y las parejas evolucionan de forma diferente y aquella persona, que en otras circunstancias hubiera pasado desapercibida, llega en el momento oportuno de esa fase vital de cambio y cubre sus demandas afectivas.

Si algo he aprendido en mis 38 años es que tu pareja jamás satisfará todas tus demandas y exigencias, y que aunque sea tu compañero de vida, es necesario cerrar el círculo de necesidades con personas ajenas a tu relación. También he aprendido que en esto de los afectos, por mucho que trabajes, te esfuerces, te prepares, el cariño o el enamoramiento, no es una oposición que se saca como recompensa a tus muchos esfuerzos. Hay factores físicos, químicos, sociales, culturales y la oportunidad que hacen que esa persona se fije en ti o te tenga en consideración, aunque no seas un dechado de virtudes.

Así que hoy, si algún individuo como el de aquel entonces, me dice que me considera simpática, se lo agradeceré infinitamente. Entre otras cosas, porque no valorará si soy o no guapa, que ya se sabe que esto de la belleza es muy subjetivo y efímero, sino porque, tener sentido del humor denota inteligencia, sobre todo, cuando uno se ríe de sí mismo y de sus carencias, asumiendo que pese a los múltiples defectos, nadie se parece a otro y cada uno es único.

           

domingo, 16 de marzo de 2014

HASTA DONDE ESTÁS



Hoy amaneció con un sol brillante que anuncia la primavera, que desentumece los huesos y te hace sonreír aunque no quieras. Y hoy, fue un día de celebración. Mi padre hubiera cumplido 67 años. Asi que, aunque como bien escuché el otro día, uno nunca olvida, todos los días recuerda aprendiendo a convivir con el dolor de la ausencia, salimos a comer fuera para celebrarlo, tal y como él hubiera querido.
 Hoy le recordamos como era él, con su alegría inmensa, su buen humor, su valentía y dignidad ante la enfermedad en la que otros nos hubiéramos sumido en la oscuridad, el que bromeaba antes de entrar en quirófano diciéndole a la enfermera que no le afeitase, porque era metrosexual o cuando el médico le proponía una nueva prueba, más molesta que la anterior y le decía con su acento extremeño que nunca perdió “ Doctor, a mi ya me han hecho de todo menos la autopsia”.
Aquí dejo un vídeo con algunas fotos para el recuerdo, y de fondo, la impresionante voz de Josh Groban, que, para los que aprobamos inglés más o menos justito, dejo la letra traducida y que comparto absolutamente:

“Hasta donde estás

¿Quién puede decir con seguridad?
Quizá sigues aquí
Te siento a mi alrededor
Tu recuerdo es tan claro

En la profundidad de la calma
Te puedo escuchar hablar
Sigues siendo una inspiración
Puede ser

Que tu eres mi
Amor eterno
Cuidándome
Desde allá arriba

Vuélame hasta donde estás
Más allá de la estrella distante
Deseo en esta noche
Ver tu sonrisa
Aunque sea solamente por un rato
Para saber que estás ahí
A un respiro de distancia, no es muy lejos,
Hasta donde estás

¿Estás durmiendo tranquilamente
Aquí dentro de mi sueño?
¿Y no se la creencia de la fe
Que todo el poder no puede ser visto?

Mientras mi corazón te abraza
A solo un latido de distancia
Acaricio todo lo que me diste
Cada día

Porque tu eres mi
Amor eterno
Cuidándome
Desde allá arriba

Y yo creo
Que los ángeles respiran
Y que el amor sobrevivirá
Y nunca se irá

Vuélame hasta donde estás
Más allá de la estrella distante
Deseo en esta noche
Ver tu sonrisa
Aunque sea solamente por un rato
Para saber que estás ahí
A un respiro de distancia, no es muy lejos,
Hasta donde estás

Sé que estás ahí
A un respiro de distancia, no es muy lejos,
Hasta donde estás”


Feliz cumpleaños, monstruiño. Ni un solo día nos olvidamos de ti. Te prometo que intentamos cada día, vivir por ti. Te queremos.



miércoles, 5 de marzo de 2014

LA RESILIENCIA



“ No son los más fuertes de la especie los que sobreviven,
 ni los más inteligentes.
Sobreviven los más flexibles
y adaptables a los cambios”.
Charles Darwin, “ El origen de las especies”. 

Cada mañana, después de la ducha, me seco con esmero y especial cuidado la cicatriz de debajo del ombligo. Después de un mes, apenas queda una pequeña inflamación y una línea que cada vez se iguala más con el resto de la piel. Sin embargo, por dentro, las heridas llevan otro ritmo de curación, más pausado, más lento.

Todos tenemos alguna herida dentro que no acaba de curar. Probablemente, tenemos pendiente ese proceso de sanear y cicatrizar, de olvidar y perdonar, de superar y pasar página. El ADN define lo que somos, no quienes somos, que no deja de cambiar en función de los acontecimientos vitales que nos sorprenden cada día, que no dependen de nosotros, o sí, muchos sí, como férrea creyente del libre albedrío y de que todos tenemos absoluta libertad sobre nuestros actos, sin más límite que los prejuicios.

Durante mucho tiempo, pensé que aquellos que superaban las adversidades eran los más fuertes, los más estables psíquica y físicamente, los que no se daban licencias para flaquear. Esa estabilidad, muchas veces, es producto de una vida cómoda, carente de sobresaltos, sorpresas, de una plácida rutina que controlas y te da seguridad.
Sin embargo, el tiempo y el discurrir de la vida, me han demostrado que los supervivientes de toda desgracia, son aquellos que, como muy bien definía Darwin, mejor se adaptan a los cambios, que no se niegan a incorporar a su autobiografía lo acontecido, como defensa para mitigar el dolor que este recuerdo les causa. De repente, todo da un vuelco, la agenda cambia, y lo que hasta entonces estaba en equilibrio, se rompe, dejas de ser quien eras, te desprendes de aquello que eran los pilares de tu vida y se abre un abismo ante ti. No sabes si vas a poder superarlo en algún momento, y que, de tus actos en ese instante, dependerá tu futuro. Y lo superas, con cicatrices, aunque quisiéramos borrar ese golpe, esa muesca en nuestra integridad, y volver a ser como antes, cuando todo fluía con apacible normalidad.  Pero la cicatriz es el recuerdo tangible de que ocurrió y que nada volverá a ser igual. Con el tiempo se difumina, pero, aunque imperceptible, sigue estando ahí. A veces, curan en falso, y se quedan en un remoto lugar de la mente para martirizarnos de forma más o menos solapada y otras, se reactiva cuando el mecanismo de defensa no funciona. Pero en ese estado latente, nos causa un perjuicio cuando no la controlamos y ella se hace dueña de nuestra vida y nuestros actos.

 Las heridas cierran si queremos que lo hagan, si las desinfectamos con afectos, con fuerza de voluntad, con energía positiva, con admitirnos flaquear y caer para levantarnos, cuando lloramos y sacamos los temores, cuando nos concedemos la licencia de ser débiles y mostrarnos así. Lo contrario, es condenarnos a un ostracismo insuperable que te paraliza, agarrota, te impide crecer como persona y superar la adversidad.

Esta capacidad de adaptarse a los cambios, de recomponerse la definen en Psicología como resiliencia. Vivir implica la necesidad de adaptarse a los cambios, de ser consciente que nada permanece, que todo muta, que no hay valores ni principios absolutos y que las embestidas de la adversidad nos obligan a reconfigurar nuestra escala de valores.

Como decían en un episodio de una de mis series favoritas, CSI, “ lo que somos nunca cambia; quienes somos, nunca deja de cambiar”.


martes, 18 de febrero de 2014

EL VASO MEDIO LLENO


 
Cuando tenía 8 años, uno de mis libros favoritos era “Pollyanna”. Para aquellos que no sepan de qué va la historia, se trata de una niña huérfana que tiene que irse a vivir con su tía, una señora mal encarada y amargada, y cuya sobrina tiene una extraña virtud, ver siempre el lado positivo de las cosas. Esta exaltación de lo positivo a la mayoría nos chirría, porque por lo que general, invocamos a todos los santos a diario, juramos en arameo y somos más de la ley de Murphy. Probablemente tendemos hacia lo negativo, directamente proporcional al hecho de cumplir años y ver el lado oscuro de esto que es vivir.

No obstante, en estos días de paro forzoso he estado pensando (¿ qué otra cosa puede hacer una insomne incapacitada? ) que tal vez, la Ley de Murphy se cumple porque somos unos agoreros. Al parecer, según leí no hace mucho, el 80% de las cosas malas que tememos puedan pasar, nunca pasan, con lo que haciendo caso a las probabilidades, solo hay un 20% de que nos llevemos un disgusto y nos hemos agobiado por nada. ¿ cuántas horas de privación de sueño hemos padecido pensando en lo malo que puede pasar y luego nunca pasa? ¿ quién nos compensa esa angustia vital por un problema que a la luz del día no es tal? ¿ y esa opresión en el pecho, ese temor que te hace estar irascible y que no era para tanto?.

Así que, desde hoy, creo que voy a apartar todo pensamiento pesimista y negativo a fin de ver el lado bueno de las cosas ( a veces cuesta ) y neutralizar los principios de la ley de Murphy.

Hace unos días me he tenido que operar, y evidentemente, cualquier operación tiene su riesgo, dolor, molestias, pero también algo positivo:

1.- Diagnóstico.  Allá por Diciembre, cuando física y moralmente estaba bastante mal, me dice el médico que tengo que volver a operarme. Para las que somos adictas al trabajo, es una pésima noticia, pero el lado bueno es….tienes que descansar, sí o sí. Una oportunidad estupenda para estar días sin hacer nada más que preocuparte de ti misma.

2.- Depilación. El invierno, la falta de tiempo, el frío … ¿quién tiene tiempo para depilarse? Cuando tenías más pelo que Chewaca y te repetías aquello de “ el hombre como el oso, cuanto más peludo, más hermoso” vas y tienes que rasurarte todo. Una experiencia religiosa eso de no notar nada entre la ropa y tu piel. Metrosexual, cuando vuelve el hombre y las barbas como última tendencia, por ir contracorriente. Y la pedicura, que no queda bien eso de ir arañando al quirófano, que a saber en qué se fijan los médicos cuando estás inconsciente.

3.- Limpieza general. No de la casa, esa queda hasta que vuelen los pelusones, sino limpieza interior. Y para ayuda, Fosfosoda diluída en zumo de varios sabores, si bien sigue siendo vomitiva. El lado bueno es que te hace una purga espectacular, que de tanto que visitas el baño te parece imposible que quede algo dentro y solo falta que te salga un alien. Si la Preysler hace un día de dieta depurativa a base de zumo de Pomelo, yo no voy a ser menos. A ver si va a ser esto el secreto de su eterna juventud y no las operaciones estéticas.

4.- Un día entero sin tener que preocuparte de nada. Después de la operación, con la vía, 4 tubos conectados y la sonda, y tú, sin necesidad de moverte ni para rascarte la naríz. Esto pocas veces se da en la vida, ni levantarte para orinar, con el frío que hace !

5.- Escuchar tu música. Porque los insomnes momificados, dado que no podemos movernos, no podemos dormir, ni levantarnos a orinar, ¿qué otra cosa puedes hacer además de pensar y contar ovejas? Pues escuchar música a las 3 de la mañana. Una magnífica oportunidad para dar repaso a la música de los ochenta y bailar moviendo el dedo gordo del pie, al ritmo de Level 42, Mike & the Mechanics o Wax. Sí, Pablo, también escucho a Elvis, que ya sabes que yo soy muy ecléctica y me gusta un poco de todo ( menos Los Planetas).

6.- Recibir a más gente que en una recepción papal. En un hospital, jamás te quedas solo. Tu habitación es un trajín de gente desde las 7 de la mañana ( que si el suero, el antibiótico, el calmante), la limpiadora, la que hace la cama, la que cambia las bolsas, la que te trae el desayuno, el médico, la que te toma la tensión, la temperatura, la que te viene a ver si necesitas algo, la que te dice que camines para que no tengas gases…que digo yo ¿ no sería más divertido que quedasen todos en recepción y entrasen a la vez, en plan camarote de los hermanos Marx? . Que conste que se agradece el cariño y cuidados, pero intentas no desarrollar pensamientos maquiavélicos cuando te dicen “ tienes que dormir. Quieres algo para dormir?” “pero si no me dejáis, que esto tiene más ambiente que un concierto gratis en la Playa de Riazor !” Piensa en positivo, nunca estarás sola.

7.- Dolor de espalda. El primer día te hace gracia la cama articulada, no tener que moverte para nada. El segundo día, quieres calmantes para la espalda. Lo bueno es que cuando al día siguiente te dicen que tienes que levantarte ( ¿está loca? ¿Con toda la tripa llena de grapas?) te acuerdas de Rafaella Carrá “Ay qué dolor, qué dolor, dentro de un armario, que dolor !”. En el fondo, lo estás deseando. Porque la cama es alta, sino bajabas a rolos. Un alivio para tu espalda y tus riñones, que parece que les ha pasado un camión por encima y tiene forma de S. Otra cosa es el caminar, que no es nada elegante ni sensual, pero mira, en esta vida sobre valoramos todo, hasta los andares, qué carallo, una camina como puede, aunque sea un híbrido entre Chiquito de la Calzada y Robocop. Por otra parte, yo creo que la parte del cerebro que regula el dolor es masculina. Es imposible que te duelan dos cosas a la vez. Si te duele una parte más que otra, la otra quedas relegada a mera molestia. Comprobado.

8.- Ducharse. Esa actividad que hacemos todos los días y nunca valoramos. No hay placer mayor que el sentir esa cascada de agua desde la cabeza a los pies y no este invento de lavarse “por parroquias” que además de llevarte más tiempo, es un coñazo. Hay que volver a ser primitivos para valorar esas pequeñas cosas cotidianas.

9.- Ir al baño. Que conste que no hay mayor placer, una vez extraída la sonda, que el poder orinar en un wc. Ese invento llamado “ cuña” es lo más estimulante para levantarte de la cama, caminar como Chiquito, hacer aspamientos extraños como agarrarse a la rosca de la calefacción y al lavabo y poder orinar sola. Las mujeres lo tenemos mal para orinar en la cama, como casi todo.

10.- Tiempo para todo. Una no sabe lo que el día da de sí, hasta que tiene tiempo y tiempo. Puedes leer, mirar para el techo, dormir a ratos ( la espalda, esa gran maltratada), y engancharte a una telenovela. Porque ese mundo telenovelero es apasionante. Una chica torda y pobre que se enamora de chico rico y julai, que tiene una novia que es una chunga a la que no quiere, pero como es un pusilánime y la torda es tan buena que es tonta, prepara toda clase de maldades para separarlos. Y siempre hay un embarazo por medio, que digo que a esta gente habría que hablarles de la planificación familiar y las enfermedades de transmisión sexual, que no es posible que a las alturas que estamos, no sepan las consecuencias de sus actos. Los diálogos, de traca. Ojiplática me hallo.


11.- Dejar de ser Superman. Como dice mi amiga Ale, no soy Superman ( lo dice Doña Misola, que conste). Nadie es imprescindible, y el mundo funciona igual sin mi. Así que intentaré superar este defecto, relajarme todo lo posible y descansar, que ya no me acuerdo qué es eso.

12.- Una cura de humildad. Para las que somos superman y “misola”  creemos que no necesitamos de nadie porque somos muy resueltas y autosuficientes. El verte limitada para levantarte de la cama, no poder asearte sin ayudar, ni apenas caminar, es una gran cura de humildad para bajarnos a la tierra y recordar que todos necesitamos de todos, siempre, aunque estemos en perfecto estado físico. Y también nos sirve como estímulo para la recuperación. La autonomía es un gran valor, pero también conviene recordar que en diferentes etapas de nuestra vida, necesitamos de los demás. Y recibir cariño, cuidados y afectos, que en el día a día, nos deshumanizamos.

Así que os animo a ver el lado bueno de las cosas, el vaso medio lleno, no tomarnos la vida demasiado en serio ( ya lo decían los Monty Phyton en “ La vida de Brian”) total, no hay más broma que ésta de vivir para morirnos, pero mientras tanto, como la vivamos, es cuestión de actitud. Siempre habrá un lado bueno de las cosas, aunque a veces, nos cueste encontrarlo.